La soltura

Desde que vi un capítulo de Redes titulado “La intuición no es irracional” he estado desarrollando una idea y he llegado a la conclusión que lo mejor que le puede pasar a uno es poder realizar todas las acciones de su día a día de la forma más suelta posible. Entiéndase soltura, no un problema intestinal, sino la forma de actuar más directa, ágil y acertada que uno realiza de forma intuitiva.

 

En el capítulo en cuestión, Punset explicaba que hoy en día se ha conseguido demostrar científicamente que aquellos actos que se realizan de forma intuitiva siempre son acertados. Añadía que la intuición no es algo que nos venga a la mente de forma inconsciente. La intuición nos muestra la respuesta correcta ante cualquier cuestión que se nos presente y es engendrada por nuestro cerebro consciente, tras basarse en un único y muy buen argumento.

 

Por lo visto, el cerebro toma unos atajos y simplifica las cosas de una manera que cuando nos encontramos delante de una disyuntiva, el camino correcto a elegir será aquel para el que tengamos una sola buena razón. La solución nos viene tan rápido a la cabeza que la llamamos intuición, cuando es racional. Evidentemente, cuanto más bagaje tengamos en algún tema, más buenas razones tendremos para tomar decisiones de forma intuitiva y más ágilmente nos desenvolveremos. Este punto es importante.

 

Contrariamente, cuando le damos vueltas a las cosas, por tener demasiados pequeños pros y contras, la decisión final seguramente no será la más acertada.

 

Uno de los mejores ejemplos de todo esto es el fútbol. Los jugadores acumulan cientos de horas jugando de campo en campo y cuando tienen que chutar la pelota, seguro que la primera idea de cómo tienen que hacerlo es la correcta, la intuitiva, aquella para la que tienen una buena razón, avalada por su enorme experiencia. Por eso, cunado vemos un equipo que juega al primer toque, todo fluye y puede llegar a ser infalible. Me quedo con la idea de “jugar al primer toque”

 

Otro ejemplo está directamente relacionado con la expresión “la primera impresión es la que cuenta”. Hay estudios que concluyen que el físico y la forma de moverse de las personas es el puro reflejo de cómo somos por dentro. A lo largo de nuestro camino vamos coleccionando perfiles de personas o “cromos” en los que relacionamos físicos con personalidades y actitudes. Cuando nos encontramos delante de un nuevo físico, lo cotejamos con nuestra colección de cromos y sacamos aquel que más se le asemeja. Automáticamente, la primera impresión de cómo es el nuevo individuo viene determinada por el cromo seleccionado. Pocas veces nos equivocamos. El problema es que algunas veces, cuando nos ponemos a hablar con el desconocido, éste intenta mostrar una personalidad distinta mediante la oratoria y, consecuentemente, la primera impresión se va al garete.

 

Por último un ejemplo muy fácil y cotidiano, la conducción. ¿Llevamos el coche del mismo modo tras sacarnos el carné que después de 10 años conduciendo cada día? La respuesta obvia es que no. Al cabo de 10 años conducimos “al primer toque”

 

Por todo esto llego a la conclusión que siempre, ante cada pequeña decisión que debamos tomar, tenemos que hacerle caso a nuestra intuición. Esto no debe confundirse con ir por la vida a lo loco; siempre tenemos que tener nuestra buena razón que avale la decisión que tomemos en cada momento.

 

Si conseguimos dirigir nuestra vida basándonos en intuiciones habremos triunfado, habremos conseguido la soltura máxima y mucha tranquilidad interior.

 

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